Lucila CionciEN PRIMERA PERSONA
Nací en Almagro, en la Ciudad de Buenos Aires, pero crecí en Azul, adonde mi familia se trasladó cuando tenía apenas dos años. Desde muy pequeña, la danza estuvo presente en mi vida, pero hubo un momento que cambió definitivamente mi manera de verla.
En 1994 asistí a un espectáculo de tango en el Teatro Español de Azul. Recuerdo haber salido de aquella función con una sensación difícil de explicar, una mezcla de emoción, fascinación y descubrimiento. Algo de lo que había visto y sentido esa noche me acompañó desde entonces y sigue tan vivo hoy como en aquel momento.
A partir de allí, el movimiento se convirtió para mí en una forma de expresar aquello que muchas veces no se puede decir con palabras.
Me formé en tango, ballet, danza contemporánea, danza afro, danza jazz y pilates. Cada disciplina enriqueció mi sensibilidad y amplió mis posibilidades de expresión. Con el tiempo comprendí que, para mí, la técnica cobra verdadero sentido cuando está al servicio de una emoción, de una intención, de algo que necesito transmitir.
A los dieciséis años me trasladé a Buenos Aires para continuar mi formación y desarrollar mi carrera profesional. Allí estudié en el Instituto Universitario Nacional del Arte (IUNA). Fueron años de aprendizaje, exploración y experiencias que me permitieron descubrir distintas maneras de interpretar la música y habitar el escenario.
Mi recorrido me llevó a participar en producciones teatrales, espectáculos y proyectos internacionales. Esas experiencias ampliaron mi mirada como intérprete y despertaron también mi interés por la creación coreográfica y la dirección artística, donde encontré otra manera de dar forma a las emociones y transformarlas en una experiencia compartida.
En la enseñanza busco transmitir esa misma sensibilidad. Me interesa que cada persona pueda encontrar confianza en su movimiento, conectar con lo que siente y descubrir su propia manera de expresarse a través del tango.
Hoy sigo encontrando en el baile un espacio de libertad, emoción y descubrimiento. Cada música, cada abrazo y cada interpretación representan una nueva posibilidad de sentir y compartir algo verdadero.
